jueves, 29 de enero de 2009

Vivo en un isla: Tenerife

Vivo en una isla.

A mi parecer mágica.

Multicolor, con días de sol y noches de luna y estrellas.

Como vigilante peremne, un volcán que desde su alta perspectiva la domina en su totalidad.

Al principio de llegar aquí, todo parecía pequeño, escaso, lejano e inusual.

Incluso por momentos, llegué a pensar que vivía en una cárcel azul.

Azul por arriba, azul por abajo y unos barrotes blancos de espuma alrededor.

Pero con el tiempo, he llegado aconstumbrarme tanto a estas barreras, que si me alejara de ellas incluso las echaría de menos.

Con frecuencia su mar azul y profundo, se vuelve blanco y esponjoso y entonces un mar de nubes la cubre por completo.

De aromas suaves, dulces, intensos.

De colores vivos e imborrables.

Más que hablar se canta.

Más que caminar, se baila al vaivén candencioso y lento de sus horas.

Porque todo va despacio, como si el tiempo se hubiese detenido entre las nubes y permaneciera inmóvil y flotando en es el espacio.

De noble historia, de antepasados altivos y orgullosos, antes muertos que esclavos, que incluso murieron de tristeza al ser alejados de su tierra.

Vivo en un isla, y aunque parezca pequeña, a veces escasa, no lo cambiaría por ningún otro lugar.

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