Vivo en una isla.A mi parecer mágica.
Multicolor, con días de sol y noches de luna y estrellas.
Como vigilante peremne, un volcán que desde su alta perspectiva la domina en su totalidad.
Al principio de llegar aquí, todo parecía pequeño, escaso, lejano e inusual.
Incluso por momentos, llegué a pensar que vivía en una cárcel azul.
Azul por arriba, azul por abajo y unos barrotes blancos de espuma alrededor.
Pero con el tiempo, he llegado aconstumbrarme tanto a estas barreras, que si me alejara de ellas incluso las echaría de menos.
De aromas suaves, dulces, intensos.
De colores vivos e imborrables.
Más que hablar se canta.
Más que caminar, se baila al vaivén candencioso y lento de sus horas.
Porque todo va despacio, como si el tiempo se hubiese detenido entre las nubes y permaneciera inmóvil y flotando en es el espacio.
De noble historia, de antepasados altivos y orgullosos, antes muertos que esclavos, que incluso murieron de tristeza al ser alejados de su tierra.
Vivo en un isla, y aunque parezca pequeña, a veces escasa, no lo cambiaría por ningún otro lugar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario